Una ventana de encuentro con las raíces, la memoria y la identidad cultural del Caribe colombiano. En minga con las comunidades que la crean.
No rescatamos ni folclorizamos culturas. Somos facilitadores: acompañamos procesos donde las comunidades son dueñas, gestoras y protagonistas de su propio patrimonio cultural inmaterial.
Fortalecemos el reconocimiento de los cultores y la valoración de lo propio. Acompañamos a las comunidades afrodescendientes, indígenas, campesinas y mestizas del Caribe en la activación de su memoria ancestral, garantizando que sus saberes permanezcan vivos, autónomos y en manos de quienes los crearon.
Un territorio donde la cultura no se impone ni se olvida: se construye en diálogo, se cuida en comunidad y se celebra en colectivo.
No es un evento. Es un regreso. Un espacio para sentir, no para mirar: música que nace del tambor, danza que dialoga con la tierra, oralitura que guarda memorias, gastronomía, artesanías y saberes ancestrales.
Ven a vivir lo que no se explica: se siente.
Totó la Momposina, junto a su agrupación, fue una cantora que devolvió la voz a las expresiones silenciadas del Caribe colombiano. La Fundación no hereda su nombre: custodia el pacto ético que ella construyó con las comunidades —que lo auténtico no tuviera que disfrazarse para sobrevivir, y que cada tambor, canto y danza permaneciera en manos de quienes lo crearon.
En cada rincón del Caribe colombiano, las comunidades han custodiado saberes que responden a su relación con el río, el mar, la tierra y la historia. No se trata de «tipos» de cultura, sino de territorios donde lo afro, lo indígena, lo campesino y lo mestizo se entrelazan en formas únicas. La Fundación acompaña estos procesos respetando que la diferencia no divide: enriquece.
Ningún instrumento pertenece a una sola comunidad: el conjunto existe porque los pueblos se encontraron.
No clasificamos culturas. Acompañamos territorios donde las comunidades —en su diversidad— siguen tejiendo memoria ancestral.
Fotografías, carteles y memoria compartida. Un archivo que crece con las comunidades.
Minga no es solo una palabra. Es una forma ancestral de hacer.
En la costa, cuando alguien necesita construir su casa, cosechar su siembra o arriar el ganado, llama a sus vecinos. Y todos van, aportan lo que tienen y se quedan hasta que la tarea se termina. Nadie se va con las manos vacías, pero nadie se lleva el fruto completo: todos se benefician porque la comunidad entera avanza.
Así trabajamos. La Fundación no actúa sola. Tejemos alianzas con otras fundaciones, universidades, festivales, artistas, gestores culturales y comunidades —tanto en Colombia como en el mundo— para que la memoria ancestral circule, se sostenga y se transmita con justicia.
Si tu organización comparte estos principios, escríbenos. No ofrecemos contratos: proponemos mingas. Porque solo juntos podemos garantizar que lo auténtico no tenga que disfrazarse para sobrevivir.
Proponer una mingaDonaciones, aportes e ideas que sostienen la memoria viva del Caribe.
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Estamos habilitando el recaudo en línea. Mientras tanto lo coordinamos por correo: te respondemos con los datos de la cuenta.
Para talleres, alianzas, homenajes o intercambios culturales.